Me lleva tiempo evocar su rostro.
Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará.
Es triste, pero cierto.
Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego éstos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto.
El tiempo fue alargándose.
Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por la noche.
Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko.
Sólo el paisaje, aquella imagen del prado en octubre, vuelve una y otra vez a mi mente.
Aquel paisaje sigue sacudiendo, pertinaz, una parte de mi cabeza.
¡Vamos! ¡Arriba! ¡Aún estoy aquí! ¡Arriba! ¡Levántate y comprende!
¿Cuál es la razón de que todavía esté aquí?
No siento dolor.
Únicamente el sonido hueco que acompaña cada patada.
Pero también este eco se apagará algún día.
¿Se apagará?