martes, 21 de diciembre de 2010

Fuiste siempre un espejo terrible.
Una máquina de repeticiones.
Y lo que llamamos amarnos quizá, fué que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas.

Capitulo 1.


Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sebastopol. De todas maneras subí hasta el puente, y la Maga no estaba. Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.

Mensaje de bienvenida.


Pasillos largos desde aquí.
Te ponés a caminar.
(qué frío hace cuando a Ti, te viene el pensar)
Laguna negra por cruzar, no hay miedo desde allí.
A veces quieres todo ya y pasas sin Sentir.
Memoria sin dolor.
.memoria y luz.
Yo sé que ya no crees más, no hay más que hablar,
Algo extraño pasa aquí y no querés mirar.
Subido a un tren eléctrico a toda velocidad.
Caminas solo sin parar.
(no vayas a explotar)
Que es todo tan violento, no dejes de mirar.

Luminoso.

No hay nada más liviano que el surgir temprano de las olas que desarman tu ilusión.
No hay nada más certero que ese golpe exacto,
destino
.inevitable amor.